En esta nota no pretendo hacer denuncias de ningún tipo ni hablar de lo bien o mal que le hace al fútbol que el negocio le haya ganado tanto terreno al juego.
Leyendo el último número de la revista ‘Un Caño’ (Diciembre 2005 – #7) me encontré con tres notas referidas a la corrupción y los negocios del fútbol. Creo que el espacio que se le dedica a estas temáticas en la revista es poco común comparado con otros medios, así que brindo por la iniciativa de sus editores.
El primer artículo está escrito por Víctor Hugo Morales (tal vez el periodista de elite que más hace hincapié en estas temáticas) y tiene como disparador esta pregunta: ‘¿En qué perjudica al juego el negocio del fútbol?’. A lo largo de esta columna (como la llama su autor) se explica claramente en qué puntos es perjudicial el negocio del fútbol, además de la reiterada denuncia al monopolio televisivo.
Girando la página se encuentra un resumen de un congreso llamado ‘Play the Game’ en el cual se denunciaron casos de corrupción y de la manipulación de los medios en el deporte en general. Da dos claros ejemplos de esto último: ¿en cuántos medios se habló de este congreso? y; un estudio de 10 artículos periodísticos de todo el mundo, solo en tres se menciona (y cito) “que la ONU había declarado 2005 como al Año Internacional del Deporte y la Educación Física”.
El tercer artículo habla sobre los árbitros argentinos. Se analizan los distintos casos de soborno y se compara esta misma situación en Alemania y Brasil (árbitros presos y partidos que se volvieron a jugar). También hace mención a la poca reacción que tienen los colegiados antes injurias de parte de jugadores, técnicos y dirigentes.
Para más información, obviamente visiten su kiosco de diarios.
Quiero aclarar mi opinión sobre estos temas. Me parece genial que en los medios se hable más sobre estas situaciones pero yo soy de los que prefieren hacer la vista gorda para no perder el enamoramiento con el juego.


Ya está prácticamente decidido el regreso a River de Osmar Ferreyra, aquel volante zurdo de 21 años que con menos de 20 partidos en primera emigró al fútbol ruso con dos esperanzas: terminar de formarse como jugador y mostrarse para que algún equipo de la otra Europa (la que sí sale en los noticieros) se fije en él. Cumplió sus cometidos a medias, en su primer año y medio casi ni jugó pero si logró pasar a un equipo importante de Holanda. En el PSV tampoco jugó mucho y ya está armando las valijas nuevamente.



